Se considera una especie abundante en áreas boscosas de tierras bajas; habita ecosistemas como el bosque húmedo tropical, el bosque seco y el bosque húmedo montano [9–11], alcanzando una altitud de poco más de 900 m de altitud, aunque en la mayor parte de su área de distribución no supera los 600 m [12]. Su dieta se basa principalmente en ranas y lagartos, y en algunos casos en pequeños mamíferos. No obstante, reportes de ejemplares en cautiverio han registrado casos de canibalismo entre individuos juveniles [12], un comportamiento ya documentado en otras especies de vipéridos (Bothrops asper) en condiciones de cautividad [8]. En consecuencia, desempeñan un papel importante en la economía natural; al ser carnívoras, regulan el flujo de energía en los ecosistemas y controlan poblaciones de otros animales que pueden convertirse en plagas para las sociedades humanas [13].
Porthidium nasutum y las demás especies del género no suelen ser muy longevas (en comparación con especies de víboras como Bothrops asper o serpientes constrictoras como Boa constrictor, que pueden superar los 20 años de vida). Existen registros de individuos bajo cuidado humano de aproximadamente 6,5 años [9,14] y se han documentado hasta 8 años según los registros del Serpentario de la Universidad de Antioquia. Sin embargo, es válido afirmar que es posible que estos especímenes superen la expectativa de vida de 12 años o más, como sugieren algunos expertos en colecciones nacionales (Fundación Zoológica de Cali y Serpentario UdeA), dado que muchos ejemplares ingresan a cautiverio en una etapa juvenil o adulta de su vida [8].
Su temporada reproductiva suele ser prolongada, registrándose épocas de apareamiento entre febrero y junio, y partos entre julio y diciembre [15]. Se han documentado nacimientos entre abril y septiembre para ejemplares en cautiverio en el Serpentario UdeA, Colombia [16]. En general, se han registrado camadas con un mínimo de dos crías y un máximo de 19 [15,17], y también se han hallado casos atípicos de 36 crías en Costa Rica [15].
Esta especie de víbora constituye un problema de salud pública debido a su importancia en los casos de accidentes ofídicos, los cuales se registran continuamente en Latinoamérica [18]. Al respecto, los venenos del género Porthidium han sido descritos como secreciones que varían entre tonos amarillos y blancos, o que incluso pueden ser incoloras. Están compuestos principalmente por proteínas, entre las que destacan fosfolipasas y metaloproteinasas, y en baja proporción por otros componentes orgánicos como aminoácidos, carbohidratos, lípidos y aminas biógenas [19]. La naturaleza del veneno de Porthidium es hidrolítica, por lo tanto, su función principal se atribuye a inmovilizar a sus presas e iniciar el proceso de digestión [20]. En este sentido, algunas similitudes entre las manifestaciones clínicas del envenenamiento por Porthidium y las de las especies del género Bothrops han llevado a algunos profesionales médicos a considerar y tratar los accidentes por Porthidium como «envenenamientos botrópicos» [4].